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miércoles, 31 de octubre de 2012

Tres siglos de oscuridad.

La luz de la farola osciló bruscamente tras el último trueno y acabó por apagarse,
dejando el vetusto callejón entre tinieblas y bajo un abundante aguacero.
Marie se detuvo molesta intentando acostumbrar sus ojos a la incipiente oscuridad.
Deambular de noche por la parte antigua de la ciudad persiguiendo a su objetivo no le incomodaba en absoluto, pero hacerlo en estas condiciones y soportando la tormenta que arreciaba era algo bien distinto.
- Maldita sea esta estúpida isla y su clima del demonio - murmuró para si envolviendose en su abrigo. -Nunca debí abandonar Paris. Nunca. Y menos hacerlo por ti -
Apresuró el paso decidida a alcanzar la protección de un pequeño y concurrido hostal ubicado en la siguiente esquina, cuando una conocida voz la sorprendió tras su espalda.
- Tampoco debiste seguirme esta noche ma cherie. Ódio que interumpan mi cena-
Asustada ante la repentina aparición, contuvo el aliento unos segundos y lentamente se giró para encarar a la dueña de la voz. Lo que vió,le hizo desear no haberlo hecho.
Alexa, la mujer por la que habia abandonado su acomodada vida parisína un par de meses atras , se erguia imponente ante ella.Con la mano derecha aferraba el cadaver de un mendigo,de cuya garganta abierta brotaba un intenso rio de sangre que humeaba con el frio de la noche,desprendiendo un nauseabundo olor a óxido y a suciedad. Su rostro, mas bello de lo habitual, mostraba una hipnotica, a la vez que aterradora, expresión salvaje.Sus ojos, azul intenso,brillaban de forma extraña como si fuese un felino oculto en la oscuridad . Pero lo mas inquietante de todo,era que por su boca entreabierta, asomaban dos ensangrentados colmillos, igual que los de un animal.
Marie,paralizada por el miedo, quiso gritar ante el horror que acababa de presenciar, pero Alexa rugió al tiempo que descargaba un tremendo golpe sobre ella que la hizo caer insconciente sobre el embarrado suelo.
Furiosa,la mujer vampiro soltó su presa,comprobó el pulso de Marie y desapareció por los tejados rumbo al sitio mas seguro de toda la ciudad para alguien como ella.Nadie buscaría a un no muerto en ningun lugar sagrado. La cúpula de la catedral.

El temporal amainaba y una tímida luna llena se asomaba sobre el mar entre jirones de nubes cuando Alexa llegó a su destino. Se acomodó entre dos gárgolas, respiró hondo, dejó que lentamente sus musculos se relajasen devolviendo asi su estado a la normalidad y cerro despacio los ojos. Tras unos minutos de paz, sus sentidos le alertaron. Esa noche no estaba sola.
-Buenas noches André- Dijo sin volverse a mirar al hombre que se acercaba bailando lentamente por el borde del tejado.
André descendió junto a ella con un gracioso salto,recogio su capa, sacudió unas motas de polvo de su traje oscuro,hizo una cómica reverencia, y se desprendió de su sombreo de copa y del bastón para acomodarse a su lado.
-Buenas noches ma petite morceau du sucre- saludó, acariciandolé el pelo con una mano cubierta por un impoluto guante blanco. -Me complace comprobar que sigues tan bella y suspicaz como siempre. ¿Como has sabido que era yo quien se acercaba y no un temible,feo,burdo y abominable humano "caza chupasangres"?-
Alexa sonrio ante la pomposa ropa elegida por su mentor y le beso en la mejilla dulcemente.
- Los" caza chupasangres", hace siglos que no existen mi señor André. Le recuerdo que los exterminamos a todos. Los vampiros, estamos solos y mortalmente aburridos en el mundo sin que ningun ser humano conozca de nuestra existencia. Además...- añadió haciendo una pausa para envolverse en su larga chaqueta de cuero. - podría reconocer tu carísimo, extravagante,empalagoso,anticuado y snob perfume parisíno a kilometros-
-Auuch!.... Touché!- respondió el vampiro llevandose las manos al corazón con un gesto exageradamente sobreactuado.
Los dos permanecieron en silencio contemplando la ciudad que se extendía brillante ante sus ojos durante un largo espacio de tiempo. Finalmente André, inició de nuevo la conversación.
-Sabes porque estoy aqui ¿verdad?-
Alexa asintió.
-Si.Lo se. En realidad te esperaba-
El revolvió unos segundos en el bolsillo interior de su chaqueta , extrajo una elegante pipa,la encendio,y dió un par de largas caladas antes de continuar.
-¿Cuanto tiempo hace que has vuelto a cazar?-
-Un par de meses quizas. Desde que abandoné Paris y me instalé en este lugar-
El vampiro se rascó la barbilla con un gesto nervioso y subió el tono de voz haciendo notar su enfado.
-¿Un par de meses?.¿Pero porque no pediste ayuda a los clanes de esta ciudad?. Sabes perfectamente que puedes conseguir sangre artificial en cualquier parte Alexa. ¿Porque exponerte de esta forma?. ¿Porque poner en peligro el secreto de nuestra existencia?. El consejo de ancianos no está nada contento con este asunto-
Alexa permanecio con la mirada fija en el horizonte mientras hablaba.
-Por ella André. por Marie. Está aqui. ¡Si hubiese acudido a los clanes me habrían obligado a dejarla al descubrir su existencia!. Por eso huimos de Paris sin decir nada.
-Ya se que ella está aqui- respondió él enojado. - Vi tu númerito de hace un rato..¿Y cual es el problema?. ¡Es una humana!. ¿Acaso pensabas encontrar un elixir milagroso para tenerla contigo por toda la eternidad?. ¿O que podríais seguir ocultas mucho tiempo?. Eso si contar con lo de mantener en secreto tu verdadera identidad. -
-No- Respondió Alexa contrariada al comprobar que su mentor había presenciado la escena del encuentro con Marie . -Sabía que tarde o temprano nos ibais a encontrar. Supongo que aun no estaba preparada para dejarla ir aunque fuese inevitable. No lo se. La quiero André-
Una fuerte rafaga de viento azotó violentamente la capa del recien llegado haciendole caer hacia atras. Este aprovechó la situación para descargar su rabia contra tan impertinente prenda. Una vez calmado y recompuesto su orgullo, procedió a analizar la situación.
-Veamos. Hay algo que se me escapa. Si la quieres, tal y como me temía... ¿porque no intentaste la conversión?. Se que es bastante complicado obtener el permiso del consejo. La sangre artificial aun es relativamente lenta de fabricar y por eso debemos controlar las conversiones. Suficientes problemas para alimentar a la población vampírica tenemos ya con los nacimientos normales. Pero tu nunca has pedido un discípulo o un compañero humano, y yo tengo influencia con algunos de los ancianos. No habría sido muy dificil conseguir su aprobación. De todos modos, ahora no quedará mas remedio que intentarlo. Te ha visto. Sabe lo que eres.-
-No- Contestó Alexa rotunda. -No voy a condenar a nadie a esta vida llena de oscuridad y muerte por toda la eternidad. Y menos a la mujer que amo.-
André la miró sorprendido. Sabía que durante toda la existencia de un vampiro,había etapas de dudas, de cansancio, de apatía, o incluso de rebeldía ante la idea de una vida sin final. Vivir una solitaria noche eterna, ocultando tu naturaleza mientras el mundo y la gente que lo habita cambia y cambia, sin posibilidad de conservar nada contigo, ni establecerse largo tiempo en un mismo lugar, no era facil. Sobre todo para los que como ella,habían sido convertidos. Hasta ahora,su púpila no había mostrado ningun signo de debilidad en este aspecto,sin embargo, su comportamiento ante el asunto de Marie, demostraba que sus 300 años de existencia comenzaban a pesar.
- Alexa... conoces la reglas- empezó a decir André - Si no aceptas la conversión, ella debe morir-
- Hablaré con ella, entenderá, no dirá nada- replicó Alexa levantandose de golpe y saltando hacia el alfeizar de una ventana cercana.El vampiro la siguió veloz tratando de tranquilizarla.
-Sabes que eso no es posible. Nunca lo permitiran. Puede que dentro de unas horas,o unos días, busque una comisaría cercana en la que contar su historia.Investigaran. Llevas dos meses matando cada noche,relacionaran el caso, husmearan donde no deben, nos pondrá a todos en peligro.Decide ahora. Muerte o vida eterna. No podemos correr riesgos-
Alexa se dejo caer hasta terminar sentada. Sus dudas, sus temores, sus decisiones erroneas,el haberse permitido flaquear dando una tregua a su corazón, levantando el muro infranqueable en el que lo habia encerrado hacía ya tantos años,acababan de sentenciar la vida de la persona que le devolvió la suya. Este era el pago,y no otro, por haber dejado salir su lado humano. Y lo peor,es que hacía tiempo que sabía cuales serian las consecuencias y sin embargo... no había intentado evitarlo. De repente,vió terriblemente clara cual debía ser su decisión. Cerró los ojos,apretó los puños, y buscó con rabia en su interior al ser que llevaba dentro, cuando la bestía surgió miró a André y simplemente rugió.
-Enviaré a Armand con un exterminador- concluyó él, dando media vuelta complacido para emprender el camino de bajada.
La sóla mención de aquel nombre hizo que el estomago de Alexa se revolviera igual que una veja batidora. Exterminadores. Vampiros rebeldes condenados por el consejo. Se les contaminaba con sangre muerta hasta conseguir una horrorosa mutación. Zombis avidos de carne con la fuerza y la agilidad del vampiro,pero sin ninguna inteligencia y dificiles de controlar. Devoraban a sus presas literalmente sin dejar ningun tipo de rastro.
-Lo haré yo- Afirmó Alexa sintiendo un escalofrio. - Tan solo ocúpate de encontrarla y de atraerla hasta aqui. No voy a dejar que acabe en manos de esas bestias-
André dudó por un instante,pero finalmente accedió.
-Está bien,pero no dejes ningun indicio que pueda relacionar el cadaver con el ataque de un vampiro. No podemos permitirnos mas errores-
-Quedaté tranquilo. Asi será-.
La catedral estaba en silencio y completamente a osuras cuando Alexa de deslizo en su interior desde el tejado. Bajó rapidamente hasta la sala principal del templo y encendió todas las lamparas de aceite que rodeaban el altar, asi como los grandes velones colocados a lo largo del pasillo, formado por dos larguisimas hileras de amplios bancos.
Cuando hubo terminado, descorrió el pesado cerrojo de la puerta principal y esperó.
Tras varias horas de espera , la puerta se abrió despació con un sonoro chirrido, y la figura de Marie,empapada y aun envuelta en su abrigo, se recortó contra la luz del exterior.
La mujer comenzó a avanzar despacio entre las sombras. Al observar sus torpes movimientos y su mirada perdida, Alexa supo que algo iba mal, muy mal.
-¡Marie!,¡Marie!,soy yo,¡miramé!- pidió tomandola entre sus brazos.
Marie sonrio sin mirarla,aparto su cabello hacia un lado y le ofreció su cuello desnudo. Cerca de la base, en plena yugular,dos agujeros perfectos y una marca de succión apenas imperceptible, el inconfundible beso del vampiro. Había sido mordida casi hasta la extenuación, ya no había vuelta atrás,estaba contaminada.
-¡André!.¡Maldito cabrón!. Exclamó al darse cuenta de cual era la situación.-Queria hablarle por última vez,explicarle,¡suplicar su perdón!-
-¿Suplicar?.¿Tu?.Respondió el vampiro levitando cabeza abajo sobre una de las claraboyas que daban al patio exterior -Y que ella, una humana,tomase la decisión. O tal vez dejarla escapar ¿no?¿Creias que iba a confiar en ti, estando infectada por el amor y renegando de tu naturaleza?. .-¡Muerte o vida eterna!. ¡Elige de una vez Alexa!-
Alexa rugió,mordió a Marie hasta que su corazón dejó por completo de latir y levantó su cadaver en los brazos.Con cuidado la depositó sobre el altar y con un rapido movimiento,antes de que André pudiese reaccionar, hizo caer las lamparas repletas de aceite que las rodeaban,dejando el altar envuelto en un circulo de fuego.
-¡Muerte André!. ¡Para las dos!- Gritó señalando el sol que ya se empezaba a vislumbrar por una de las grandes claraboyas.
El vampiro,aturdido por el humo y asustado por la inminente presencia de la luz, huyó por donde habia venido sin volver la vista atrás.
La claridad del amanecer empezó a traspasar las vidrieras de la catedral,reflejando un precioso arcoiris en el centro de la estancia. Alexa supo que esa era la señal. Se desprendió de su ropa y desnuda,se recostó al lado de Marie para esperar el final. El sol,témido y añorado tanto tiempo,sería finalmente su verdugo y tambien le daría la libertad.Acabando así con una vida llena de muerte, de autocontrol y descontrol,de soledad. Tres siglos eran demasiados años de absoluta oscuridad.

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